Identidad digital descentralizada (DID): qué es y cómo afectará al RGPD

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En Grupo Adaptalia, como especialistas en protección de datos, compliance y privacidad digital, abordamos los retos legales y organizativos que plantea la identidad digital descentralizada (DID), un modelo emergente que redefine la gestión de la identidad en entornos digitales. A diferencia de los esquemas tradicionales basados en estructuras centralizadas, la DID otorga al usuario la titularidad y el control efectivo de sus datos personales, eliminando la dependencia de intermediarios. Esta transformación no es meramente tecnológica, sino que conlleva implicaciones profundas en el cumplimiento normativo. En particular, la identidad digital descentralizada obligará a revisar el modo en que se recaba el consentimiento, se garantiza la transparencia y se determinan las responsabilidades de los distintos actores que intervienen en el tratamiento de datos personales.

Este artículo, elaborado por el equipo jurídico de Adaptalia, está especialmente dirigido a empresas, responsables de protección de datos, compliance officers, y profesionales de los departamentos legales y tecnológicos que deben anticiparse al impacto de esta evolución. A lo largo del texto, explicaremos de forma clara qué es la identidad digital descentralizada, cómo opera en la práctica y qué implicaciones tiene para el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), la privacidad de los usuarios y las obligaciones corporativas. Todo ello con el objetivo de ofrecer una visión técnica y jurídica alineada con las exigencias del marco regulatorio europeo.

¿Qué es la identidad digital descentralizada (DID)?

La identidad digital descentralizada (DID) es un modelo innovador de gestión de la identidad en entornos digitales, donde el control y la titularidad de los datos personales corresponden exclusivamente al usuario. A diferencia de los sistemas tradicionales, en los que las credenciales se almacenan y administran por proveedores centralizados como redes sociales, bancos o plataformas gubernamentales, la DID otorga al individuo la capacidad de generar, conservar y gestionar su identidad sin intervención de terceros. Este enfoque representa un cambio estructural en el tratamiento de la identidad digital y se fundamenta en estándares técnicos abiertos como los desarrollados por el W3C, lo que garantiza su interoperabilidad a nivel global.

La DID se habilita mediante tecnologías como blockchain, que permite la existencia de un registro distribuido y confiable, sin una base de datos única susceptible a ataques o manipulaciones. Así, cada usuario posee un identificador único que no depende de una entidad emisora, y puede interactuar con múltiples servicios digitales sin necesidad de crear perfiles distintos. Esto no solo simplifica los procesos de autenticación, sino que también mejora la protección de la privacidad. La identidad digital descentralizada, por tanto, pone fin a la dependencia estructural de terceros en materia de identificación, fortaleciendo la autonomía digital del ciudadano y su derecho a la autodeterminación informativa.

Cómo funciona el modelo de identidad digital descentralizada

El funcionamiento de la identidad digital descentralizada se basa en la emisión, gestión y verificación de credenciales digitales bajo el control directo del usuario. En este ecosistema, intervienen tres actores principales: el emisor, el titular y el verificador. El emisor, por ejemplo, una administración pública, universidad o entidad financiera, valida cierta información y genera una credencial verificable que certifica un atributo concreto del usuario, como su edad, domicilio o cualificación profesional. Dicha credencial es firmada criptográficamente y entregada al titular, quien la guarda en su wallet digital privada.

Cuando el usuario desea identificarse ante un tercero, actúa como único intermediario y decide qué datos compartir, siempre bajo el principio de minimización. Por ejemplo, puede probar que cumple un requisito sin divulgar información adicional innecesaria. El verificador, por su parte, valida la credencial sin necesidad de consultar al emisor, utilizando para ello una infraestructura descentralizada que confirma su integridad y vigencia. Esta arquitectura garantiza que los datos personales no se almacenen en plataformas externas, reduciendo significativamente el riesgo de filtraciones y accesos indebidos. El modelo DID permite al usuario revocar en cualquier momento el uso de sus credenciales y ejercer un control granular sobre su identidad, lo que refuerza la protección de datos y fomenta la soberanía digital.

Diferencias entre identidad digital centralizada y descentralizada

En el modelo de identidad digital centralizada, los datos personales se almacenan en servidores controlados por terceros, lo que obliga al usuario a confiar en que dichas entidades aplicarán medidas de seguridad suficientes para proteger su información. Sin embargo, este enfoque concentra grandes volúmenes de datos en ubicaciones únicas, convirtiéndolos en objetivos atractivos para ciberataques. Las brechas de seguridad en estos sistemas pueden afectar simultáneamente a millones de personas. Además, el usuario depende de estos intermediarios para acceder a servicios, quedando sujeto a sus condiciones y generando un flujo constante de datos hacia plataformas externas.

En contraste, la identidad digital descentralizada sitúa el control de los datos en manos del usuario, que custodia directamente sus credenciales y decide cuándo y con quién compartirlas. Al eliminar repositorios únicos, se reduce significativamente el riesgo de filtraciones masivas. Tampoco existe dependencia estructural de terceros para la autenticación, lo que incrementa la autonomía del individuo. Este modelo prioriza la privacidad mediante la minimización de datos compartidos y refuerza la seguridad al distribuir la información de forma fragmentada, devolviendo al titular la soberanía sobre su identidad digital.

Identidad digital descentralizada y RGPD: puntos clave de impacto

La identidad digital descentralizada representa una transformación sustancial en la aplicación del RGPD, especialmente respecto al principio de minimización de datos. Este modelo permite compartir únicamente los atributos necesarios para una finalidad concreta, mediante credenciales verificables y técnicas criptográficas avanzadas. En lugar de entregar documentos completos, el usuario presenta pruebas acotadas, como acreditar su mayoría de edad sin revelar la fecha de nacimiento. Para las organizaciones, esto reduce la necesidad de almacenar grandes volúmenes de datos personales, al tiempo que disminuye su carga de cumplimiento y el riesgo de brechas. El interesado mantiene el control sobre qué datos compartir, con quién y durante cuánto tiempo.

En cuanto al consentimiento, la DID introduce un enfoque granular, alineado con el RGPD. Cada presentación de credenciales implica un consentimiento explícito y puntual, que el usuario puede revocar retirando la credencial o denegando nuevos accesos. El modelo facilita también el ejercicio de derechos: el acceso, mediante la consulta directa por el titular; y la rectificación, mediante la solicitud de nuevas credenciales actualizadas. El derecho de supresión presenta retos técnicos si los datos se registran en sistemas inmutables como blockchain, por lo que debe evitarse su incorporación directa a dichos entornos.

La aplicación del RGPD en sistemas descentralizados requiere reinterpretar figuras jurídicas tradicionales. La distribución de funciones entre emisores, titulares y verificadores complica la identificación clara de los responsables y encargados del tratamiento, especialmente cuando no existe relación contractual entre las partes. Este escenario exige establecer acuerdos operativos y marcos de gobernanza que definan con precisión las obligaciones legales de cada actor. En ningún caso la identidad digital descentralizada exime del cumplimiento del RGPD; al contrario, obliga a adaptar sus principios a nuevos entornos tecnológicos para garantizar una protección de datos eficaz, transparente y centrada en el usuario.

Cómo deben prepararse las empresas ante la identidad digital descentralizada

La llegada de la identidad digital descentralizada exige que las empresas se anticipen con medidas proactivas en materia de cumplimiento. En primer lugar, es recomendable realizar una Evaluación de Impacto en la Protección de Datos (EIPD) específica para cualquier proyecto o herramienta basada en DID. Este análisis permitirá identificar los riesgos para la privacidad y la seguridad en el nuevo modelo y establecer las medidas adecuadas para mitigarlos. Igualmente, las organizaciones deberán revisar y actualizar sus políticas de privacidad y avisos legales, asegurándose de explicar claramente a los usuarios cómo se tratarán sus datos personales en un entorno descentralizado, por ejemplo, qué información se almacenará o no en los sistemas de la empresa, cómo se gestionará el consentimiento en la entrega de credenciales y qué responsabilidades asume cada parte.

Además, la preparación debe ser multidisciplinar: los departamentos legales, tecnológico (TI), seguridad y compliance de la empresa han de colaborar estrechamente para integrar la identidad digital descentralizada de forma alineada con la normativa vigente. Por ejemplo, el área legal deberá interpretar los requisitos del RGPD aplicables a este nuevo contexto, mientras que el área de TI implementará las soluciones de DID incorporando los principios de “privacidad desde el diseño”. Asimismo, es importante hacer un seguimiento del panorama normativo europeo en evolución, como la actualización del Reglamento eIDAS y las iniciativas de Identidad Digital Europea, para adaptar las estrategias corporativas conforme surjan nuevas obligaciones o estándares. En síntesis, las empresas deben adoptar un enfoque proactivo, formando a sus equipos internos y estableciendo procedimientos claros antes de incorporar la identidad descentralizada en sus operaciones, garantizando así un cumplimiento continuado y una adaptación fluida a este cambio de paradigma.

Cómo puede ayudarte Adaptalia en proyectos de identidad digital y RGPD

En Adaptalia contamos con un equipo multidisciplinar, integrado por especialistas jurídicos y técnicos, preparado para asesorar a empresas en la incorporación de soluciones de identidad digital descentralizada de forma segura, eficiente y conforme al marco legal vigente. Evaluamos la viabilidad jurídica de proyectos basados en DID, analizando su adecuación al Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), al Reglamento eIDAS y a otras normativas sectoriales aplicables. Nuestra experiencia nos permite identificar las implicaciones legales específicas en cada caso y diseñar estrategias que integren la privacidad desde el diseño y por defecto en estos nuevos entornos tecnológicos.

Entre nuestros servicios se incluye la elaboración de evaluaciones de impacto en protección de datos (DPIA), el diseño de modelos de gobernanza, la redacción de políticas internas para el uso responsable de credenciales digitales, así como la formación especializada de equipos legales, técnicos y de cumplimiento normativo. Además, ofrecemos acompañamiento continuo durante todo el ciclo de implementación del proyecto.

Contáctenos para valorar el impacto legal de la identidad digital descentralizada en su organización y anticiparse a los desafíos normativos que plantea esta nueva realidad.

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