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En Adaptalia, especialistas en gestión del riesgo, compliance y buen gobierno corporativo, entendemos que el apetito de riesgo es un concepto esencial en la toma de decisiones estratégicas de cualquier organización. Este término permite definir de forma clara y estructurada cuánto riesgo está dispuesta a asumir una empresa para alcanzar sus objetivos, proporcionando un marco de referencia que orienta a la alta dirección y a los órganos de gobierno en la adopción de decisiones coherentes, responsables y alineadas con la estrategia empresarial y la cultura corporativa.
A lo largo de este artículo, elaborado por el equipo de expertos de Adaptalia, el lector descubrirá qué es el apetito de riesgo, cómo se diferencia de otros conceptos relacionados, y de qué forma se integra en la gestión empresarial. Asimismo, explicaremos cómo calcular el apetito de riesgo mediante un proceso estructurado y cómo reflejarlo correctamente en una declaración de apetito de riesgo alineada con la estrategia, el modelo de negocio y los sistemas de compliance, control interno y buen gobierno, aportando seguridad jurídica, coherencia organizativa y apoyo efectivo a la toma de decisiones. Todo ello permite comprender su relevancia práctica y su valor como herramienta clave para una gestión responsable y sostenible empresarial.
¿Qué es el apetito de riesgo? Definición y concepto clave
El apetito de riesgo (en inglés Risk Appetite) se define como el nivel y tipo de riesgo que una organización está dispuesta a aceptar en la consecución de sus objetivos estratégicos. En otras palabras, es la cantidad de riesgo que la empresa considera aceptable asumir para lograr sus metas. Este concepto, refleja la actitud de la organización frente a la toma de riesgos dentro de su estrategia general.
El apetito de riesgo debe definirse de manera coherente con la estrategia empresarial, el sistema de gobierno corporativo y la cultura de riesgo de la organización. Ello implica que la alta dirección y el consejo de administración determinen, dentro del modelo de negocio y los valores corporativos, el nivel de incertidumbre que la entidad está dispuesta a asumir en cada ámbito sin poner en peligro su viabilidad. Un apetito de riesgo establecido condiciona la cultura corporativa, al fijar el criterio para identificar y gestionar los riesgos en niveles.
A nivel internacional, marcos de referencia como COSO ERM (Enterprise Risk Management Framework) y la norma ISO 31000 de gestión de riesgos destacan la importancia de definir el Risk Appetite. Por ejemplo, COSO incorpora el apetito de riesgo como parte fundamental del buen gobierno corporativo y la estrategia, instando a las organizaciones a establecer formalmente cuánto riesgo están dispuestas a asumir en sus operaciones. De igual forma, ISO 31000 menciona la necesidad de determinar la actitud al riesgo de la empresa para guiar la gestión de riesgos de forma consistente. En resumen, el apetito de riesgo es un concepto ampliamente reconocido que sirve de pilar para una gestión de riesgos eficaz y alineada con los objetivos empresariales.
Importancia del apetito de riesgo en la gestión empresarial
Definir de manera expresa el apetito de riesgo resulta esencial para garantizar una gestión empresarial coherente, ordenada y alineada con la estrategia corporativa. Su correcta delimitación permite que la organización adopte decisiones informadas y consistentes, ya que proporciona un marco objetivo para valorar inversiones, proyectos de crecimiento, operaciones corporativas o cambios relevantes en el modelo de negocio. Cuando la empresa conoce con precisión qué nivel de riesgo está dispuesta y puede asumir, cada decisión estratégica se evalúa conforme a criterios previamente aprobados, evitando tanto la asunción de riesgos desproporcionados que puedan comprometer la sostenibilidad de la organización como una excesiva aversión al riesgo que limite su desarrollo y competitividad. De este modo, el apetito de riesgo contribuye a alcanzar un equilibrio razonable entre crecimiento, seguridad y creación de valor a largo plazo.
Asimismo, un apetito de riesgo claramente definido refuerza la coordinación y coherencia interna entre la alta dirección, el consejo de administración y las distintas áreas operativas. Al establecer límites y criterios comunes, todos los niveles de la organización comparten una referencia homogénea sobre los riesgos aceptables, las situaciones que requieren control reforzado y aquellas que deben ser elevadas a los órganos de gobierno. Esta claridad favorece una cultura corporativa basada en la responsabilidad y la anticipación, integrando la gestión del riesgo en la toma de decisiones ordinaria. En definitiva, el apetito de riesgo actúa como un marco transversal que fortalece la resiliencia empresarial, mejora la capacidad de respuesta ante escenarios adversos y permite innovar y crecer dentro de unos márgenes de riesgo controlados y jurídicamente seguros.
Apetito de riesgo, tolerancia al riesgo y capacidad de riesgo: diferencias clave
Cuando se aborda la gestión de riesgos, es habitual que se confundan conceptos estrechamente relacionados. Por ello, resulta esencial diferenciar entre; precisión apetito de riesgo, tolerancia al riesgo y capacidad de riesgo, ya que cada uno cumple una función distinta dentro del sistema de gestión. A continuación, se aclaran estos términos clave:
- Apetito de riesgo: Hace referencia a cuánto riesgo desea o está dispuesta a asumir la organización para alcanzar sus objetivos estratégicos. Constituye una decisión consciente y estratégica de la alta dirección, alineada con la visión, los valores corporativos y el modelo de negocio, y orienta la toma de decisiones en todas las áreas de la empresa.
- Tolerancia al riesgo: Se refiere al margen aceptable de desviación respecto al apetito de riesgo definido. Es decir, delimita el rango dentro del cual los riesgos pueden fluctuar sin que se considere necesario adoptar medidas correctoras. Si el apetito de riesgo marca el nivel deseado, la tolerancia establece los límites operativos superiores e inferiores.
- Capacidad de riesgo: Representa el máximo nivel de riesgo que la empresa puede soportar sin comprometer su viabilidad. Viene determinado por factores objetivos como la solvencia financiera, los recursos disponibles, las exigencias regulatorias y otros condicionantes estructurales. Superar este umbral pondría en peligro la continuidad del negocio.
Para resumir estas diferencias de forma concisa, presentamos una tabla comparativa:
Tipos de apetito de riesgo en la empresa
El apetito de riesgo no constituye un parámetro único ni homogéneo para toda la organización, sino que puede y debe modularse en función del ámbito o categoría de riesgo de que se trate. En la práctica, las empresas suelen definir distintos niveles de apetito de riesgo atendiendo a la naturaleza de los riesgos y a su impacto potencial sobre la estrategia y la viabilidad del negocio. Así, el riesgo estratégico, vinculado a decisiones de alto nivel como la entrada en nuevos mercados, el lanzamiento de productos o las operaciones corporativas, puede admitir un mayor grado de exposición en organizaciones con vocación innovadora, mientras que otras optan por un enfoque más conservador orientado a la estabilidad. En el ámbito del riesgo financiero, que comprende la volatilidad de mercados, el endeudamiento, la liquidez o el riesgo de tipo de cambio, el apetito variará en función de la política financiera y la capacidad de absorción de pérdidas de la empresa.
Por su parte, el riesgo operativo, asociado a fallos en procesos, sistemas, infraestructuras o recursos humanos, suele gestionarse con un apetito reducido, priorizando controles internos y mecanismos de continuidad. En materia de riesgo legal y de compliance, el apetito de riesgo suele ser muy bajo o incluso nulo, dado el impacto que los incumplimientos normativos pueden tener en términos sancionadores y de responsabilidad. Finalmente, el riesgo reputacional, relacionado con la imagen y la confianza de los grupos de interés, exige habitualmente una especial cautela. En conjunto, la definición diferenciada de estos niveles permite configurar un perfil de riesgo coherente y alineado con la estrategia empresarial
Cómo definir y calcular el apetito de riesgo paso a paso
Definir y calcular el apetito de riesgo de una empresa no se reduce a una simple fórmula matemática, sino a un proceso estructurado que involucra análisis y participación de la dirección. A continuación, describimos paso a paso cómo una organización puede determinar su apetito de riesgo de forma rigurosa:
1. Análisis de la estrategia y objetivos empresariales
El punto de partida es entender la estrategia, la visión y los objetivos de la empresa. El apetito de riesgo debe alinearse con los objetivos estratégicos y el modelo de negocio. Por ello, la alta dirección debe preguntarse: ¿Qué queremos lograr en el corto, medio y largo plazo? y ¿Qué nivel de incertidumbre estamos dispuestos a asumir para lograrlo? No es lo mismo una empresa que busca un crecimiento acelerado y que por tanto implicará asumir más riesgos estratégicos y financieros, que otra enfocada en preservar capital y mantener una posición estable en el mercado.
En esta fase, resulta útil revisar los planes estratégicos, estados financieros, proyecciones y cualquier documentación sobre la visión corporativa. La idea es identificar la relación entre riesgo y recompensa que la empresa considera aceptable. Por ejemplo, si uno de los objetivos es innovar radicalmente en un sector, seguramente habrá un mayor apetito por riesgos estratégicos. En cambio, si el objetivo principal es cumplir normativas estrictas en un sector regulado, el apetito de riesgo en materia de compliance será muy bajo. Conocer bien las metas y contexto de la empresa es esencial para que el apetito de riesgo definido sea coherente con su rumbo.
2. Identificación y evaluación de riesgos
El siguiente paso consiste en identificar los riesgos clave que podrían afectar a la consecución de los objetivos empresariales y evaluar su impacto y probabilidad. Aquí se realiza una evaluación o mapa de riesgos: se analizan las distintas áreas y se listan los potenciales eventos de riesgo en cada una. Una vez identificados, se evalúa cada riesgo estimando su impacto y su probabilidad de ocurrencia.
Esta evaluación de riesgos proporciona un diagnóstico del perfil de riesgo actual de la organización. Con esos datos, la empresa puede empezar a plantearse qué riesgos está dispuesta a asumir y cuáles no. Por ejemplo, si se identifica un riesgo operativo de alto impacto la dirección deberá considerar si su apetito de riesgo le permite aceptarlo tal cual, si debe mitigarlo invirtiendo en controles, o si debe evitarlo por completo. Conocer los riesgos y su magnitud es indispensable para luego definir límites apropiados en el apetito de riesgo.
3. Definición de límites y métricas
Una vez definida la estrategia y evaluados los riesgos relevantes, resulta necesario establecer los límites y métricas concretas que materializan el apetito de riesgo. En esta fase, el concepto abstracto de apetito se traduce en parámetros operativos, cuantitativos y cualitativos, que permiten su aplicación efectiva en la gestión diaria. Para ello, es habitual definir indicadores clave de riesgo (KRIs) e indicadores clave de desempeño (KPIs), adaptados a cada categoría de riesgo. Así, en el ámbito financiero pueden fijarse ratios máximas de endeudamiento o pérdidas aceptables; en el riesgo de mercado, umbrales de Valor en Riesgo; en el riesgo operativo, límites relativos a interrupciones de actividad; y en materia de seguridad, niveles máximos de incidentes tolerables.
Asimismo, el apetito de riesgo se concreta mediante límites expresos, tanto numéricos como descriptivos. Algunos se formulan en términos cuantificables como por ejemplo, porcentajes máximos de inversión o criterios mínimos de rentabilidad, mientras que otros adoptan un carácter cualitativo, como la tolerancia cero frente a determinados riesgos legales o penales. Junto a ello, resulta aconsejable establecer rangos de tolerancia, que permitan identificar desviaciones aceptables y activar medidas correctoras cuando se superen determinados umbrales. El resultado de este proceso debe plasmarse en políticas y estándares internos claramente documentados, que garanticen una aplicación homogénea y trazable del apetito de riesgo en toda la organización.
4. Validación por la alta dirección y el órgano de gobierno
Una vez definidos los límites y métricas del apetito de riesgo, resulta imprescindible someterlos a validación y aprobación por parte de la alta dirección y del órgano de gobierno, habitualmente el consejo de administración. Este órgano ostenta la responsabilidad última de aprobar el nivel de riesgo asumido por la organización, garantizando su coherencia con la estrategia empresarial, los intereses de los accionistas y la sostenibilidad a largo plazo del negocio. Durante este proceso, se verifica que el apetito de riesgo no sea excesivamente restrictivo ni desproporcionadamente elevado, pudiendo requerir ajustes y consenso entre las distintas áreas implicadas.
Tras su aprobación formal, el apetito de riesgo debe comunicarse de manera efectiva a toda la organización, normalmente a través de la Declaración de Apetito de Riesgo y de las políticas internas asociadas. Esta comunicación resulta esencial para que directivos y empleados integren los límites establecidos en su toma de decisiones diaria. Asimismo, es recomendable acompañar su implantación con acciones formativas. Finalmente, el apetito de riesgo debe integrarse en el sistema de gestión y ser objeto de seguimiento y revisión periódica, adaptándose a la evolución de la estrategia y del entorno de riesgos.
Declaración de apetito de riesgo: qué es y cómo redactarla
Una Declaración de Apetito de Riesgo es un documento formal mediante el cual la organización define y comunica por escrito su apetito de riesgo. En él se recoge el nivel de riesgo que la empresa está dispuesta a asumir en los distintos ámbitos de su actividad para alcanzar sus objetivos estratégicos, constituyendo una referencia esencial para la toma de decisiones y la gestión de riesgos en todos los niveles de la organización.
Dicha declaración debe incluir los principios generales que reflejan la filosofía de riesgo corporativa, los niveles de riesgo aceptables por cada categoría relevante, así como los indicadores, límites y métricas que permiten su seguimiento efectivo. Asimismo, debe identificar los responsables y órganos encargados de supervisar su cumplimiento y regular su revisión periódica. Redactada con un lenguaje claro y preciso, la declaración de apetito de riesgo se integra como un elemento central del sistema de gobierno corporativo, orienta la actuación de directivos y empleados, refuerza la coherencia interna y permite acreditar ante reguladores, auditores e inversores la existencia de una política sólida y diligente de asunción y control del riesgo. Su correcta elaboración contribuye decisivamente a una gestión responsable, transparente y alineada con la estrategia empresarial a largo plazo.
Apetito de riesgo y compliance: una relación imprescindible
En el ámbito del compliance, entendido como el conjunto de mecanismos orientados al cumplimiento normativo y a la prevención de riesgos legales, el apetito de riesgo desempeña una función esencial. Su integración en los modelos de compliance y control interno permite alinear la gestión del riesgo legal con la estrategia empresarial y con los límites de riesgo asumibles por la organización. Un sistema de compliance eficaz no se limita a proclamar la tolerancia cero frente a determinadas conductas ilícitas, sino que establece criterios claros y previamente aprobados sobre el grado de exposición al riesgo legal que la empresa está dispuesta a asumir en el desarrollo de su actividad.
Así, en materia de riesgo penal, aunque exista una tolerancia nula frente a la comisión de delitos como la corrupción, el fraude o el blanqueo de capitales, el apetito de riesgo permite definir el nivel de exposición aceptable en determinados contextos operativos. Ello puede traducirse, por ejemplo, en la decisión de evitar determinadas jurisdicciones o, alternativamente, operar en ellas con controles reforzados y medidas estrictas de diligencia debida. La definición del apetito de riesgo en compliance contribuye a prevenir sanciones, mejora la trazabilidad de las decisiones y permite acreditar diligencia debida ante autoridades, auditores o tribunales. En definitiva, apetito de riesgo y compliance conforman un marco integrado que refuerza la cultura ética, el control interno y la seguridad jurídica de la organización.
Cómo puede ayudarte Adaptalia a definir el apetito de riesgo de tu empresa
Definir un apetito de riesgo adecuado es un proceso complejo que exige un profundo conocimiento del negocio, experiencia técnica en gestión de riesgos y una visión estratégica alineada con el buen gobierno corporativo. En Adaptalia, contamos con un equipo multidisciplinar de especialistas en riesgos y compliance que acompaña a las empresas en todas las fases de este proceso. Nuestro enfoque comienza con el análisis del perfil de riesgo y de la cultura organizativa, evaluando los objetivos estratégicos, el entorno regulatorio y los riesgos inherentes al sector y al modelo de negocio, con el fin de establecer una base sólida sobre la que definir el nivel de riesgo asumible.
A partir de este diagnóstico, ayudamos a definir y documentar el apetito de riesgo de forma clara y estructurada, elaborando la correspondiente declaración y fijando límites cuantitativos y cualitativos por categorías de riesgo. Para ello, incorporamos métricas e indicadores alineados con las mejores prácticas y marcos de referencia reconocidos, asegurando que el resultado refleje fielmente la posición de la alta dirección y cumpla con los estándares de gobierno corporativo. Asimismo, apoyamos a las organizaciones en la integración efectiva del apetito de riesgo en sus sistemas de compliance y gestión, adaptando políticas, procedimientos, controles internos y estructuras de supervisión para garantizar su aplicación real en la operativa diaria.
En Adaptalia, nos enorgullece ser aliados en la construcción de marcos sólidos de gestión del riesgo. Si necesitas definir el apetito de riesgo de tu empresa o reforzar tus prácticas de compliance y buen gobierno, no dudes en contactarnos. Te ofrecemos asesoramiento profesional y a medida para que tu organización tome riesgos de forma consciente, controlada y alineada con sus objetivos, garantizando así un crecimiento sostenible y seguro. Contáctanos y descubre cómo podemos ayudarte a implantar un sistema integral de gestión de riesgos que aporte valor y tranquilidad a tu negocio.

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